La noche extiende sus brazos
donde la blanca tez de la esperanza cierra sus puertas;
el nauseabundo olor del fallecimiento toma su lugar
sobre las casas hechas ya sal y tinieblas.
Se desdibuja la cruz a cuestas
que proyecta el poderío de un imperio,
pues ha sido robada como símbolo de la afrenta
entre el cielo y el infierno,
donde sólo el emperador conoce sus secretos
pero no los revela;
es mejor la inmortalidad incomprendida
que el absoluto olvido.
La noche reposa sobre los alacranes sin tiempo,
mientras las sombras acarician el silencio,
donde no hay ruptura,
donde no existe el reflejo impropio
de una flor de lis marchita
sin ánimos de ser conservada en la hipocresía;
la noche aparece tan sabia
a desvirtúar las malditas alegorías,
no hay dioses en la nada
sólo está la conciencia
de la muerte que calla
y del aire que nos contamina.
Thursday, August 13, 2009
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