Sunday, August 30, 2009

Avalancha...

Ante la pávida mirada de los ángeles declarados, emerge de las entrañas de la tierra malsana los caníbales alados, sus enormes fauces se cruzan con la ira del vagabundo, y nace el perfecto monstruo absurdo; a nada le teme aquél gran ejército de mordaces camaleones, de ínfimos humanos del cero absoluto. Las lágrimas del dios caído son su sangre, el temor de los demonios su palpitar, y sus pasos hacen temblar al más sodomita; son las voces que no se acallan, el grito frenético de la orgía congraciada entre la vendetta fáustica y las bailarinas de Tolouse, la envidia que se agota en sí misma, la amistad pérfida, la costumbre rota desde una esquina. Caminan, sí, su caminar es lento, porque el tiempo no hace parte del espectro de los que no mueren, de los que no viven, pero sí destruyen vidas; el poder, el susurro al oído del inconsciente colectivo, la ovación anacrónica, van succionando hasta el último espíritu, son agujas que atenúan el dolor con dosis de placer, son los inmortales, los que se resguardan tras el deseo proyectado que generan desde su interior y no vemos, son ellos.

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