Saturday, May 30, 2009

Sonata de otoño

En el frio otoño de la primavera, cuando el sol se agota en la existencia, cuando la mañana pálida y vacía se asoma por la ventana, y los sentimientos se reducen a quimeras de viejas épocas de alegría.

Cuando el andar es lento, y el humo pesado, y el sonido sincero de un ruiseñor se convierte en el último ruido del mundo.

Cuando todo se ve tan sombrío y distante, y las bombillas fundidas impiden ver claramente los pasos recorridos.

Cuando la luna se oculta, y las miradas se hacen difusas, como máscaras venecianas se tergiversan, frente a la lánguida pupila de un iris ya desconocido.

Cuando los años te deterioran, y las líneas de expresión confunden las arrugas del cuerpo con las del alma, sólo en ese instante agridulce, donde nos vemos al espejo y no somos los mismos, puedo mantener en mi memoria la sonrisa que iluminaba los años ahora baldíos.

Puedo soñar con el fantasma del mañana, donde sólo la muerte aguarda por la caída de este cuerpo fútil.

Puedo contestarme, sinceramente, que aún desconozco porque he vivido, nunca tuve un motivo mayor a mi suerte, mayor a tus labios rozando los míos.

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