El salvavidas lanzado al agua, y el náufrago que prefiere perderse en la mar, sobre la posibilidad de sujetarse a la vida. Gusanos unidos en una sola danza, y la sal que pudre el más perfecto de los cuerpos, cada quien haciendo sus estragos, cada mente sin recuerdos, sin razonamiento. Nos alimentamos de un solo ser, del que no quedan sino huesos, pero no es admisible soltarlo; allí estamos, los parásitos de la tierra, reviviendo su residente una, dos, y dos mil veces, para poder tragarlo de nuevo. Los dientes caídos, las lenguas pútridas, el veneno sustituyendo la sangre, los ojos que comen las águilas; todos encima de la misma materia, diversamente titulada a lo largo de los siglos. La tristeza invade las almas, y aún el atrevimiento a la pregunta resulta en un avance infructífero, es una vid creada por serpientes y plagas. Un océano negro, turbio y desierto se despliega; ciegamente, los llamados a la guerra se alejan, todos en el agua, tres idiotas en la tierra. Las trompetas suenan en sus oídos, y después de la llama encendida en el vacío pitillo, no pueden retornar a las olas llenas de criaturas perdidas. La antítesis se hace necesaria para aumentar el castigo soñado por un duende.
Saturday, May 16, 2009
Apocalipsis
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