Monday, June 29, 2009

Una pulgada de ira

He aquí la tormenta,
he aquí el silencio,
he aquí las palabras que se ahogan
en medio de los gritos sin remedio.
He aquí la locura
he aquí la voluntad
he aquí un alma abandonada
para reflejar la mala racha de la humanidad.
He aquí la alegría
he aquí las lágrimas negras
he aquí el fruto de la vida
refugiado entre espinas en medio de la selva;
y con el pleno conocimiento
de sentir todo tan cerca
damos una vuelta por el mundo,
buscando en un no-futuro,
la estrella que dormía junto a la puerta
de la infancia que se claudicó,
con ciertas sentencias,
donde la funcionalidad,
la sociedad,
las reglas, predominan
sobre el anhelo de libertad,
sobre los sueños que ahora
se tornan imposibles,
por la misma imposibilidad
de ver más allá
y preferir el más acá.
He ahí la parca que camina
he ahí el maestro de los títeres,
de quien huímos en letras despavoridos,
pero corremos con el cuerpo
muy animados al encuentro,
y absolvernos de cualquier responsabilidad,
de escondernos tras otro más,
y no levantar la cara y asumir el pacto,
sino bajar los ojos y maldecir al destino
que es de las desgracias el culpable
no la cobardía de darnos al vino
mientras de felicidad se hace alarde.
He aquí el que no encuentra refugio
He aquí el solitario en su artilugio
He aquí el que desearía no conocer
de las maldiciones su embrujo,
porque nada es gratis
en este devenir,
pero siempre nos apuntamos en la oferta
para ver si la suerte nos va a sonreir;

que predecible,
que poco nos importa nuestra propio ser
a ciencia cierta,
no tenemos que ganar
porque nunca arriesgamos
lo que más tememos perder,
y ahí nos sujetamos en el espacio
pesamos nada,
he aquí el que cae
he aquí quien apostó la vida.
Si no se empeña lo único que poseemos
no obtendremos lo único que interesa...
vivir.

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