Saturday, July 4, 2009

La angustia del dolor

Tres gotas de ira, diez gramos de pasión, veinte fotos en un cámara perdida, mil recuerdos en la mente atorando mi garganta, un vaso de agua medio lleno, una vacía mirada, la sociedad que se llena de rabia y me rechaza, la puerta es golpeada sin cesar por aquellos que me vienen a quemar, la proliferación de una aldea global, la máscara de la tecnología cubriendo el rostro de la ignorancia, los libros que se pudren mientras un gusano por los cables anda, mis dedos que no se detienen para ser ojeados por quienes tienen las respuestas, yo no tengo ninguna, pero la caja mágica las inventa todas, aún peor quienes le ven le creen y adoran. Un arcoíris que simboliza un sexo, los colores perdidos en sentimientos, un cuerpo hueco por dentro, bello en su ser externo, la libertad cubierta de hielo, caen en el olvido quienes nos enseñaron a creer en el amor por, qué se yo, una idea, una palabra, un concepto, un humano, un dios, y sigue el mundo rodando, el tiempo cantando, el espacio moviéndose alrededor del sol. Y el sol, cada día nos ilumina más, pero cada vez más ciegos estamos, y las estrellas se apagan poco a poco, pero el delirio, la sed de poder, el deseo de ser dioses en vida, nos llevan a ignorar el huracán, sumergirnos en la tormenta y creer que lo que dice la mayoría es cierto, en medio de ese lluvia ácida, te vi de lejos, pero tenías la misma cocción en tu lengua, de tanto usarla para, arbitrariamente, lanzar sentencias del que te habla, y sigo escondido en una grieta, aguardando al mañana, si no habrá uno, prefiero escribir acerca de los últimos fantasmas. Dos canciones mas tarde, el cielo descansó, las olas refrescaron la piel de los que sobrevivieron, Zeus escondió sus rayos, y los besos de Afrodita curaron la piel y sus manos, por un momento la compasión se sintió, mil sonidos de amor retumbaron, la tierra se alineó, y no existió más televisión, más medios, más prejuicios, más oídos sordos, más lágrimas negras, pero fue, sólo un segundo sin dolor. Y el dolor, renació del mismo sabor de la felicidad, el hombre no se sintió satisfecho con un solo ojo de amor, con un solo centro, con un solo dios, heme aquí de nuevo, escribiendo en esta grieta, y te veo otra vez, no tan familiar, porque tienes antenas en tu cabeza, y yo libros en la pequeña mesa de carne y sudor.

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